viernes, julio 21, 2017

“Los amantes”, de Kurt Folch




 
El animal fue sacrificado.

Y sonó (por el viento) clara
una campana de aire –al azar
extendió sus notas (de pueblo

fantasma) bajo el parrón

donde se molía el verano
que precede los últimos oficios-.

Cayó

            la sangre llenando los tiestos
            profundos hasta desbordarlos.

El rostro

            separado del resto fue lavado
            y llevado después

dócilmente

            vadeando charcos de luz
            entre ramas de níspero y limonero

como una criatura.

El resto fue cuestión de simple oficio:
practicar una incisión, repartir, comer.

Dejar las sobras para los perros.



en Thera, 2002








jueves, julio 20, 2017

"Desde la muerte al amor", de Dante Gabriel Rossetti







Al igual que las manos arduas, las nubes débiles huyen
De los vientos que arrasan el invierno de las aéreas colinas,
Como multiformes e interminables esferas
Que inundan la noche en una súbita marea;
Terrores de ígneas lenguas, de inarticulado mar.
Incluso entonces, en algún sombrío cristal de nuestro aliento,
Nuestros corazones evocan la imagen salvaje de la Muerte,
Sombras y abismos que bordean la eternidad.

Sin embargo, junto a la inminente Sombra de la Muerte
Se alza un Poder, que se agita en el ave o fluye en la corriente,
Dulce al deslizarse, encantador al volar.
Dime, mi amor. ¿Qué ángel, cuyo Señor es el Amor,
Agitando la mano en la puerta,
O en el umbral donde yacen las trémulas alas,
Posee la esencia flamígera que tienes tú?




en La casa de la vida, 1870


















miércoles, julio 19, 2017

"Misterio en llamas", de Sebastián Riestra






Todo lo que ella toca
lo convierte en primavera.
(Es tan hermosa que nada
se le parece. Y para describirla
hay que inventar palabras nuevas).

Todo lo que toca lo convierte
en infancia. Es única
como cada hoja, como
cada ola. Es el cielo
de todas las ventanas.

Todo lo que toca
lo convierte en silencio (las cosas
se callan para verla ser, se quedan
quietas para oír
cómo ella pasa entre ellas). Todo

lo que toca lo convierte
en mariposa, lo deja mirando
la parte de atrás de la lluvia.
¿Cómo escribir sobre
su misterio en llamas?

Cada vez que aparece
siembra nuevas preguntas.
Pero ella no lo sabe, sólo
toca el dolor
y lo convierte en primavera.












martes, julio 18, 2017

"En ruinas", de Pamela Rahn







Habitar en otras vidas
Pertenecer a este silencio.

A esta revolución de calamidades próximas
Incentivo de soluciones al destajo.

Muertes de herida abierta
Y sangre que escurre espesa en los rostros inmóviles.

Esconderse
bajo los cadáveres palpitantes
con los monstruos de la noche
conjugándose en sus similitudes incisivas.

Necesitados
en nuestro propio infierno
Inventamos como remedio
este arte que consume
de a poco
nuestras horas
nuestros días restantes
en donde la nada es mejor que todo lo demás.

Cambiamos el pudor
por las anfetaminas
que nos recuerdan nuestra vieja ciudad
el intento de paso
y la movilidad del viento en nuestros dedos.

Sucedemos como marionetas
Y nadamos en esta pecera abandonada
ciegos e impregnados de moho.

En este hábitat maligno de vidrios sucios
oficinas municipales
Y estatuas
Perdemos el significado de
plazas que se abren amables
a nosotros con sus venas afiladas
y sus colores verdes

Llueve en la plaza
Y jugamos con la locura
que se reparte como folletos
en las calles de piedra y asfalto derretido
asfalto transparente
que nos ensucia los pies
y nos llena los bolsillos de navajas
que se mueven a su propio ritmo delirante.






en digopalabratxt.com (15 de julio 2015)





















lunes, julio 17, 2017

"Una noche en Henoc", de Esther Zarraluki







I

Nací en esta ciudad.
Y canté el polvo en los lirios,
la sequía en el pantano,
las negras negras noches.
Mis padres me dejaron aquí,
rígida en la ensoñación del junco y el agua,
oliendo la métrica en los sauces
en esta ciudad.
Puse aquí a mis hijos.
Les hablé del lirio y la noche,
de su brillo, de los dóciles juntos.
Ablandaremos el barro, dije,
como pájaros
que hacen sus nidos con piedras.




II

Fue por amor
por quien desdije el nombre heredado
y escarbé en mi memoria
lo indigno: una frase que pudiera decir.

Lo indigno: mi nacimiento
y este relato de nacimientos y muertes,
este accidente sucesivo.

Lo indigno: la piedra de mi construcción.
Por amor rompo mis herramientas,
me dejo en el vacío,
me obligo a mirar.

¿Qué palabra seré capaz de decir
aquí, por amor?



en Dónde, 2006






















domingo, julio 16, 2017

“Los mares están llenos de luciérnagas”, de Marcelo Guajardo






En el agua
la estela de plata rasgaba el mar
el mar partido
bestia partida de sal

El barco
de tres mástiles
sobre los soles

Luciérnagas
soles sobre el mar partido
el viaje comienza
Cartagena levita sobre el horizonte.



en Cantares (Antología), 2004








sábado, julio 15, 2017

“Una noche en el hotel”, de Shu Ting




 
La declaración de amor
Hecha de marcas de labios y lágrimas
Asciende al buzón valiente
El buzón está frío
Abandonado
Su sello de papel, como una venda, se agita al aire

El alero se eleva y cae delicadamente
bajo las huellas de un gato negro
Grandes camiones trituran el sueño
hasta dejarlo delgado y duro
El velocista
Entre sueños escucha toda la noche el disparo de salida
El malabarista no puede atrapar sus huevos
Las lámparas de la calle explotan dando un fuerte grito
En su capa de yema, la noche se vuelve más grotesca.

La mujer en su bata de noche
Abre la puerta de un tirón, estremece cielo y tierra
Como un venado corre salvaje y descalza por la alfombra
Una gran palomilla revolotea en la pared
Se hunde en el fuego agrietado de un teléfono que suena

En el recibidor
Silencio
Sólo nieve
Sigue cantando, a lo lejos, en las líneas eléctricas.



en Círculodepoesía.com, enero 2014








viernes, julio 14, 2017

“Nieve en la noche”, de Claudio Rodríguez García




 
Yo quiero ver qué arrugas
oculta esta doncella
máscara. Qué ruin liña,
qué feroz epidemia
cela el rostro inocente
de cada copo. Escenas
sin vanidad, se cubren
con andamiajes, trémulas
escayolas, molduras
de un instante. Es la feria
de la mentira: ahora
es mediodía en plena
noche, y se cicatriza
la eterna herida abierta
de la tierra, y las casas
lucen con la cal nueva
que revoca sus pobres
fachadas verdaderas.

La nieve, tan querida
otro tiempo, nos ciega,
no da luz. Copo a copo,
como ladrón, recela
al caer. Cae temblando,
cae sin herirse apenas
con nuestras cosas diarias.
Tan sin dolor, su entrega
es crueldad. Cae, cae,
hostil al canto, lenta,
bien domada, bien dócil,
como sujeta a riendas
que nunca se aventuran
a conquistar. No riega
sino sofoca, ahoga
dando no amor, paciencia.
Y borró los caminos.
Y tú dices: «despierta,
que amanece». (Y es noche
muy noche.) Dices: «cierra,
que entra sol». Y no quiero
perder de nuevo ante esta
nevada. No, no quiero
mentirte otra vez. Tengo
que alzarle la careta
a este rostro enemigo
que me finge a mi puerta
la inocencia que vuelve
y el pie que deja huella.



en Desde mis poemas, 1983








jueves, julio 13, 2017

“Claridad”, de Luz María Astudillo






Después, nos comenzó a pesar el mundo
María Negroni


Viene de tu claridad el golpe,
los sismos del aire construyendo paredes ciegas
donde llorar los domingos,
un comienzo que habita en los límites fríos
de mi cama, el sonido de los huesos traspasando la noche.
Definida por la posición lunar
por la velocidad del viento, eres canción transparente
donde iniciar el habla.
Existo porque de tu mano se extienden las palabras,
por el olvido acuático que encierra cada orilla
donde no nos hemos encontrado.

Del cordón he traspasado la dirección del viento
y te crecen flores en el amanecer de la mirada
junto a los pájaros caídos adentro del barro,

soy silencio y me atraviesan hasta la médula,

al otro lado, el libro que contiene nuestro origen
es bandera sangrando por las costuras,
pero viene de tu claridad el golpe,
vuelos bajos sobre los maizales que callan y nos callan.
El galope desolado de la lluvia embarcándose en tus manos,
un nido hecho de asfalto para dejar de respirar
lentamente.



en Cajita americana, 2012








miércoles, julio 12, 2017

"En una colina diminuta...", de Francisco Garamona






En una colina diminuta
cubierta por la hiedra y el tiempo
hay una ruina altiva
hacia la que encaminé
mis pasos sin saberlo.
Una guirnalda de hojas vibraba con el viento
y era mi corazón que se escapaba.
Suave grillo que dormía
después de una larga noche de lamentos,
protegiste tu vida y también la mía.
Fuiste sin saber mi celador.
Yo estaba preso de mis impulsos desmedidos.
Me tiraba en el pasto y arrancaba
la hierba con mis manos,
desmenuzando así a los únicos
testigos de mis pasos.
Ya sabés corazón que yo no pude con tu brío.
No eras un caballo, no eras un molino,
ni tampoco aquella temporada ausente
que nos unió con sus ropajes.
Tiemblo como una hoja y es tan fácil,
que cuando miro trepidar el aire en el follaje
sé que eso es puro efecto de la naturaleza.
Pienso que esas ruinas
son como esqueletos de leopardos
y que las manchas de sus pelajes que no existen
desaparecieron para dejarnos ahora
mirar todo el espacio alrededor nuestro.
Nunca te entendí pequeño corazón,
terso junco que fue reciprocidad de los comienzos...
El sendero se pierde más allá de donde fuimos.
Te veo alejarte como un ave que busca su comida.
Hay mil formas que no forman nada,
pero una de ellas quiere decirnos algo.
¿Por qué desmelenabas tu pelo
mostrándote ante mí como una estatua
llena de cualidades y actitudes
dirigidas hacia una vida intensa?
No puedo preguntar por el sentido,
prefiero quedarme con el interrogante.
La montaña es de pena y es de oro
y crepitan las sombras de nosotros
en poses que confunden el presente.
Por eso ahora apretamos bien los dientes,
mandíbulas clavadas, caninos obsesivos,
reparten la mordida sobre tus brazos y los míos.
Los besos siempre guardan el aire que tuvieron.
Corazón mirá entonces el ciruelo
torturado del paisaje.
Nadie nos enseñó como era esto.
Fuimos violentos los fines de semana.
Destruí tu ropa para ver lo que había abajo
y eras pura piel y simple enigma
en el que me perdí como un fanático
intentando completar lo que faltaba
porque siempre nos faltaba algo
y en esa ausencia construimos un templo para amarnos.
Aunque no nos comprendimos fuimos eso.
Materia enamorada que surgió de nuestra sangre
para regar la tierra en la que tarde o temprano
encontraríamos descanso.
Para al fin olvidar ese tesoro
que nos cegó con su brillo primitivo.
Quiero despedirme y no sé cómo.
Tengo sed y tengo agua, tengo todo
y a la vez no tengo nada.
Estoy liviano y el trabajo se realiza sin esfuerzo.
Adiós a todo lo nuestro.
Me quedo con tu cara que reía.
Dame un segundo por favor,
quiero fijarla, porque así también veo mi vida.







2017

















martes, julio 11, 2017

“Quemando el bebé para hacerlo más real”, de Joanne Kyger






Cogiéndolo de noche en la cocina
los demás duermen
de la mano hasta hacerle tocar las llamas
por un simple deseo amable
La mujer de la tierra camina en pena
intenta ofrecerle un regalo pero él grita
y la madre se despierta corriendo hasta la estancia

Y dónde está mi hija, dónde está
Voy a enseñarte una lección
que nunca olvidarás

Gary dice que el niño rubio
acuclillado y tenso no es
humano. Con dos años y medio y una mirada
de hielo azul en sus ojos EXIGE
Las dos manos ante él, eh, eh
quiero, quiero
y sus padres cobardes
qué te pasa, qué es lo que quieres.
Un despertar de galletas machacadas, pintalabios triturado
cigarrillos mojados
y una prisa nerviosa, no hay dicha
al desgarrar las campanillas tres veces del tiesto



en Beat attitude (Antología), 2015

Traducción de Annalisa Mari Pegrun








lunes, julio 10, 2017

"Raíz abierta", de Diego Alegría

Seis poemas






la puerta
del acantilado
siempre estuvo

abierta al mar







al interior
del árbol

brota

la ceniza







después de la caída

en mis ojos

tu figura trazada
de cristal







cada máscara

se ahoga
en el fondo

de uno mismo







pierden color

los hilos
que cosían

nuestras bocas







caí

                  de un rostro

                                                a otro rostro

             en esa inmensidad
             encontré el silencio






2016